La zorra y las uvas
por Esopo
Caminaba una zorra por la linde de un viñedo cuando vio, colgando de una parra alta, un racimo de uvas maduras. Se detuvo, miró hacia arriba y sintió sed y hambre al mismo tiempo.
Saltó una vez. Saltó dos. Saltó tres. El racimo seguía fuera de su alcance. Lo intentó de costado, buscó un tronco para apoyarse, midió distancias. Nada funcionó.
Entonces se sentó, miró el racimo con desdén y dijo en voz alta, para que cualquiera que pasara la oyera:
— En realidad, esas uvas están verdes.
Y siguió su camino, convencida de que nunca las había querido.
Moraleja: es más fácil despreciar lo que no se alcanza que admitir el propio límite. Pero las uvas, indiferentes a la zorra, siguen allí, maduras para quien sepa cómo llegar.
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